De Ganar y Perder
Miércoles, 6 de Mayo de 2009 por Oscar Guadiana
Pare empezar a verter la tinta de la reflexión, me gustaría compartir un tema, y he deseado titular a este pequeño escrito “de ganar y perder”.
Resulta devastador a veces lo que la derrota significa para unos y otros, no me imagino que será para un soldado en la guerra israelí saberse lejos de su familia, que no regresara a verla y que la posibilidad de no ganar la batalla sea inminente. Por otro lado trato de adentrarme y pensar que sucedería si la gana. Haciendo esta pequeña reflexión, si tras meses de lejanía, de condiciones severas, heridas físicas y morales, el soldado logra ganar la batalla y regresar con vida a casa, entonces todo habrá valido la pena. Ahora, si logra regresar tras haberla perdido, ¿El soldado seguirá pensando que valió la pena haber sacrificado este tiempo con su familia y su propio bienestar?
Cuantas veces nos encontramos ante una disyuntiva similar. Nos esforzamos, luchamos, sacrificamos el tiempo, de nuestra familia, nuestros afectos, amigos, para luchar verdaderamente por cumplir algo que tenemos enfrente, a veces es tanto el cansancio, que nos preguntamos cómo es que decidimos emprender dicha tarea, sin embargo, al final, nos mueve la sola idea de completar nuestro propósito. Claro que rara vez nos envían a la guerra, pero la lucha por un trabajo, por completar una asignatura, por emprender un proyecto propio nos evoca aquellos recuerdos del soldado israelí.
Habrá ahora que preguntarse, cómo nos sentimos cuando aquello por lo que nos hemos esforzado tanto, algo que ha costado nuestro sacrifico en tiempo, y no sólo eso, la postergación de otras actividades importantes y en ocasiones hasta de nuestro dinero, no se concreta. Simplemente perdemos la batalla. ¿En verdad estamos derrotados?
A esta específica situación al perder me gustaría hacer un comentario, muchas veces dejamos que sobre nosotros reine la enemistad, nos convertimos en verdaderos enemigos de nosotros mismos. Detestamos la sola idea de no haber sido capaces de lograr aquello por lo que trabajamos y todos esos sentimientos de decepción y resentimiento que se apoderan de nosotros, que aunque válidos, nos impiden ver la otra realidad. La verdadera recompensa. La experiencia ganada.
Tal vez no ganamos un objetivo, pero cumplimos cientos de propósitos. Verdaderos aprendizajes que permanecerán en nuestro haber por siempre y que no estarían ahí de no haber deseado cumplir nuestro objetivo. Esa es la verdadera ganancia.
Toda experiencia es en sí misma enriquecedora, el resultado final, tan solo la adorna; muchas veces debemos perecer en el camino para entender el verdadero significado de la meta. Y es en ocasiones que la derrota tiene mucho más que enseñarnos. En primer lugar no la olvidaremos, en ocasiones los éxitos son efímeros, y la experiencia que viene tras perder, nos deja una huella profunda. Una huella que nos permite aprender, crecer, mejorar y lo más importante, nos deja empezar a construir el camino correcto.
Hace apenas un mes, pase por un conflicto similar, las “votaciones naranjas”, me pregunté muchas veces si el sacrificio valía la pena, y al final vino la derrota. Una derrota que solo afirmó en términos de no obtener un número de votos, pero, en realidad esa experiencia fue una ganancia para mí.
Significó contar con alguien que creyera en mi, que me diera la oportunidad de adquirir este compromiso conmigo misma y hacerme saber que podía hacerlo; más allá de esto, significó adentrarse en mis verdaderos propósitos y luchar por ellos, no dejar que los intereses de otros intervinieran en mis convicciones y seguir adelante hasta las últimas consecuencias. Al final del día, sólo no logré un cargo, pero llevo puesto en mi todo lo ganado; nuevas habilidades, una nueva manera de ver las cosas, otras perspectivas y sobretodo la posibilidad de ver cómo funciona el mundo político de nuestro día a día y de admirarme con todo lo que hay que hacer para cambiarlo.
Además, llevo para mi colección personal, un gran amigo, que sin la posibilidad de compartir una caja de donas no sabría que hacer, y el retoño de nuevas oportunidades como ésta, no solo de un amigo, sino de compartir con más personas mi experiencia, gracias Óscar por creer en mi y regalarme un poco de “papel para esta tinta”
Es así como, de vivencia propia puedo afirmar, que no es el ganar lo que nos da el éxito, es el resultado de la experiencia, la posibilidad que tenemos de aprender de nuestras vivencias, donde radica el triunfo. Tener en cuenta que toda oportunidad que toca a nuestras puertas está ahí para dejarnos algo. No nos ceguemos ante nuestros sentimientos pues hay todo un legado de vivencias y maravillosas experiencias que llegan tras la posibilidad de perder o ganar. Lo más importante es atreverse a hacerlas.
Esta reflexión fue escrita por Paulina y publicada por Oscar